Pedro Pedreira Un poco de todo

EL BOLIGRAFO ATÓMICO DE KUBRICK

La azafata recupera el bolígrafo atómico de Parker en 2001: A space Odissey

En 1968 Stanley Kubrick estrenó la obra maestra 2001: A Space Odissey. Al más puro estilo del genial director, contactó con un montón de empresas para que diseñaran cómo serían los objetos cotidianos de ese año, en el que todo parecía posible. Una de estas empresas fue Parker, mítica creadora de plumas estilográficas.


Uno de los prototipos creados por Parker

Los ingenieros de Parker crearon varios prototipos: uno de ellos -The Atomic Pen- tenía como curiosidad que incluía un isótopo radioactivo que “calentaba” la tinta para que se pudiera escribir en gravedad cero. Otro, llamado “Robo-Pen”, escribiría automáticamente lo que su propietario le dictara de viva voz, como se puede leer en el documento que tienes debajo (haz click para agrandar).

Los chicos de la prensa de Parker ya se garantizaban un futuro explendoroso.

Parker utilizó esta creatividad para llevar a cabo campañas de publicidad unidas a la mítica película de ciencia-ficción. La obsesión de Kubrick por recrear fielmente un futuro cercano permitió dar rienda suelta a la imaginación y las posibles realidades a 30 años vista.

Carteles promocionales de la época (click para agrandar)
Como tú y yo sabemos, no hay naves espaciales de ida y vuelta a la Luna a diario, ni un HAL que nos expulse al espacio exterior. Sin embargo, la virtud de la ciencia-ficción es imaginar y hacernos sentir que todo es posible. ¡A mí me encantaría tener un bolígrafo atómico de Parker!.
Displays con los cinco prototipos diseñados por Parker para Kubrick
Leí por primera vez sobre el bolígrafo atómico en el blog de David Szondy, que es genial. Después contacté con la gente del fórum Fountain Pen Network, una enciclopedia sobre la marca y las estilográficas en general. Pero mi gran suerte fue que Sebastiaan Bierma, de Parker España, rebuscara entre los archivos de la compañía para hacerme llegar estas imágenes, algunas totalmente inéditas. ¡Mil millones de atómicas gracias, Sebastiaan!
Via: Nuclear Atomic Century