Pedro Pedreira Un poco de todo

EL PROSCRITO MASABUMI HOSONO

Masabumi Hosono fue un ciudadano japonés que tuvo la mala suerte de sobrevivir al hundimiento del Titanic. Sí, he dicho bien, mala suerte, y es que para él fue toda una desgracia.

titafoEl Sr. Hosono era funcionario del ministerio de transportes nipón, y fue enviado el año 1910 a Rusia para que estudiara el sistema de ferrocarriles de aquel país. Finalizada su misión el año 1912, para volver a su hogar, decide hacer escala en Londres y embarcar el día 10 de abril de ese mismo año a bordo del infausto buque.

De todos es sabido el final del barco: la noche del 14 de abril, con los motores casi a plena potencia, se estrella contra un iceberg que le provoca una vía de agua y termina yéndose a pique. Es posible que ningún pasajero se diera cuenta de la gravedad del accidente, es más, casi ninguno advirtió nada raro, si acaso, un ligero estremecimiento del casco y que el sonido de los motores disminuía al haber sido parados.

Hosono se encontraba en su camarote de segunda clase cuando llaman a su puerta para advertirle de que se pusiera el chaleco salvavidas y se fuera hacia los botes, pero en el camino, y por dos ocasiones, los oficiales del barco le cierran el paso pensando que sería un pasajero de tercera clase. Por fin, al tercer intento logra burlar a un guardia y continúa rumbo a su salvación.

¿Había alguien realmente consciente de lo que estaba sucediendo en el barco? Sí, claro, su capitán, Edwuard John Smith, el ingeniero y constructor del barco, Thomas Andrews, y el armador, Bruce Ismay, pero se reservan la información con el fin de no provocar el pánico entre el pasaje, ya que había más de 2.200 personas a bordo y los botes sólo tenían capacidad para 1.178. Incluso los oficiales al mando de la evacuación no eran conocedores de la situación en la que se encontraban.

titaRetener esta información les ayudará a evacuar en orden a los viajeros, pero también provoca un gran número de muertes. Si la propaganda decía que un buque como el Titanic no podía naufragar, ¿para qué subirse a un bote salvavidas y enfrentarse al mar?

Hosono debió presentir algo, porque él sí se subió a uno de los tres botes que finalmente dejaron el barco. Antes de subir, de pie, al lado del marcado con el nº 10, se preparaba para lo peor según narra en una carta que envió a su esposa una vez a salvo:

“Traté de prepararme para el último momento, sin agitación, pensando en no hacer nada que fuera deshonroso [para un japonés], pero me encontré buscando cualquier oportunidad que me permitiera sobrevivir.”
Esa oportunidad llegó instantes más tarde, cuando un oficial incapaz de convencer a mujeres y niños para que subieran al bote, indica en voz alta que aún quedan plazas disponibles. Hosono ve a un hombre saltar a su interior.

“Estaba sumido en mis pensamientos, desolado, pensando que ya no volvería a ver a mi amada esposa ni a mis hijos y que no había otra alternativa para mí que compartir el mismo destino que el Titanic, pero ver a aquel hombre me hizo saltar a mí también.”
A la 1h. 20min. de la madrugada, el bote nº 10, toca el mar con 35 personas a bordo. Tenía capacidad para 65.

barcaEl Titanic comienza a dolerse. Tan sólo ocho de los veinte botes salvavidas se habían hecho a la mar, entre ellos en el que viaja Hosono, al 50% de su capacidad, y el nº 1, a menos de un tercio. A bordo del barco todos empiezan a pensar que, posiblemente, no están tan seguros como les habían dicho al comprar sus pasajes.

A las 2h. 20min. de la madrugada, Hosono puede ver desde su bote como el barco era tragado por las aguas. De los más de 2.200 pasajeros y tripulantes a bordo del Titanic, sólo sobreviven 675.

“Lo que había sido algo tangible, se redujo a un mero vacío. Entonces pensé en las inevitables vicisitudes de la vida.”
A medida que la opinión pública conoce el número de víctimas, pero no la realidad de los hechos, comienzan a surgir las preguntas: ¿cómo es posible que murieran mujeres y niños y se hubieran salvado numerosos hombres? ¿Los habrían echado de los botes? Y Hosono fue quien recibió las más duras críticas por parte de… sus compatriotas, quienes le acusaban de no haber escogido tener una muerte honorable y, lo que era peor, haberlo hecho a la vista de todo el mundo.

Hosono fue tachado de cobarde por la prensa de su país, tildado de inmoral por los profesores de la universidad, quedó plasmado en los libros de texto como el hombre que había humillado a su patria, y se pedía públicamente que se suicidara siguiendo el ritual del seppuku para restablecer su honra. Fue despedido de su trabajo, aunque readmitido a las pocas semanas, pero su carrera profesional y su vida como persona, se hundieron junto al barco del que consiguió escapar.

Hosono no se suicidó, nunca volvió a hablar de lo sucedido y prohibió terminantemente que se hablara de ello en su casa. Al morir el año 1939 rodeado de la mayor ignominia, la carta que escribió en aquellos trágicos momentos a su esposa se sumió en el olvido hasta el año 1997, cuando con el estreno de la película Titanic, se despertó en el público japonés el interés por la suerte de su compatriota muerto en aquel triste suceso. Entonces, y sólo entonces, se le comenzó a recordar sin rencor.

Via: Aquí estuve ayer.