Pedro Pedreira Un poco de todo

QUE PIES MÁS BONITOS

La radiactividad, a principios del siglo XX, estaba más cerca de la atracción de feria que de la medicina o la tecnología. La creencia popular no la consideraba peligrosa, y sus efectos eran sorprendentes y fascinantes. Sólo así se explica la existencia de este aparato que ves justo encima: el Shoe-Fitting Fluoroscope, que fue muy popular en las zapaterías americanas de la década de los ’30 hasta la de los ’50.

El funcionamiento era tan esperpéntico que cuesta creerlo: consistía en un aparato de rayos X con una abertura en su base. Ahí el cliente ponía su pie y al accionarse la corriente se emitía una descarga y podía, alegremente, verse los huesos (como en una radiografía). Hay que destacar que había tres potencias de radiación: para el caballero, para la señora, y para los traviesos niños.

Era habitual ver este aparato en las zapaterías más selectas de la ciudad. Cuando se miraba por el agujero (había tres para que el espectáculo lo disfrutara el cliente, su acompañante y el zapatero o zapatera) se veían los huesos y el contorno del zapato: así se sabía seguro si era nuestro número exacto o no. Aquí arriba tienes la ficha que se rellenaba para que te la llevaras a casa con orgullo. ¡Serías la envidia de los vecinos!

La duración media de la radiación era de unos 20 segundos, cifra sorprendente ya que no había más que una fina capa de metal para proteger a los curiosos de los rayos X. De todas maneras, era una época cargada de inocencia que se maravillaba con los poderes “mágicos” de la radiación.
Damos las gracias de nuevo a Paul Frame, de Oak Ridge Universities, por cedernos este material. Si quieres saber más (ya te advierto que vale la pena) visita este link y encontrarás mucha más información sobre el Shoe-Fitting Fluoroscope. ¿Tendrán uno en la zapatería del centro?
Via: Nuclear Atomic Century